| La guerra del agua El agua, objetivamente, es un bien natural común, vital e insustituible. Sucede que vivimos en una época histórica en la que el modo de producción dominante y hoy globalizado transforma literalmente todo en mercancía, hasta las cosas más sagradas y vitales. Los derechos humanos inalienables son rebajados a necesidades humanas. Para satisfacerlas hay que obedecer a las leyes de la oferta y la demanda, propias del mercado. Sólo tiene derechos quien pueda pagar y sea consumidor y no quien es persona, independientemente de su condición económico-social. Es una traición a los ideales de la modernidad. El agua dulce, por ser un bien cada vez más escaso –solamente el 0,7% es accesible al consumo humano– cada vez se cotiza más y se transforma en objeto de la codicia mundial. Hoy existe una carrera frenética entre grandes multinacionales para privatizar el agua, transformarla en recurso hídrico y en mercancía con la que se puede ganar mucho dinero. Se ha cuidado de demoler la comprensión human?stica y ética de que el acceso al agua es un derecho humano fundamental. Se ha conseguido reducirla a una necesidad como qualquier otra, cuya satisfacción debe ser encontrada en el mercado. Fue lo que efectivamente declaró el Segundo Foro Mundial del Agua en el 2000: el agua no es más un derecho inalienable sino una mera necesidad humana. Ahora ha comenzado una guerra férrea por el control del acceso al agua potable. Quien lo controla detiene poder poder de vida o muerte sobre millones y millones de personas. Hoy 1 600 millones de personas tienen grave insuficiencia de agua y en el 2020 serán ya 3 000 millones de una humanidad con 8 000 millones de personas. Estas podrán ver negado el acceso al agua porque no tendrán cómo adquirirla y estarán en peligro de vida. Hace tiempo el vicepresidente del Banco Mundial, Ismali Serageldin decía con razón: “si las guerras del siglo XX fueron por petróleo, las del siglo XXI serán por agua potable." En efecto, existen actualmente 50 conflictos en el mundo por causa de la falta de agua, ya que el 40% de la población mundial vive junto a 250 cuencas fluviales. La cuenca del Trigris y del Éufrates es el centro de un contencioso entre Turquía, Siria e Irak; la cuenca del río Jordán, entre Siria, Palestina, Israel, Jordania y Líbano; la cuenca del Ganges y del Indo entre Bangladesh, India y Paquistán y lo mismo sucede con las cuencas del Nilo y del Zambeze. Cómo enfrentar las hidromafias y evitar las guerras por agua? En primero lugar, demoliendo la comprensión materialista que subyace a la lógica de las privatizaciones del agua. Al considerar todo mercancía, destruye cualquier sentimiento ético, ecológico y espiritual ligado directamente al agua. En segundo lugar, rescatando el sentido originario del agua como matriz de todas las formas de vida sobre la Terra. El agua, igual que la vida, jamás podrán convertirse en mercancía. En tercer lugar, creando, como muchos ya lo están proponiendo, la conciencia de que hay que hacer un necesario pacto mundial sobre el tema del agua ya que todo el mundo la necesita para vivir. Finalmente, en nombre de esta conciencia planetaria no hay que conceder ningún derecho a privatizar el agua. Ella debe ser excluida de las negociaciones comerciales a nivel mundial. El agua es un don que la naturaleza ofreció a la vida y a cada uno de nosotros. El 70% de nuestro cuerpo está compuesto de agua. Por ser todo esto, el agua constituye una de las metáforas más significativas de lo Divino que está en nosotros y en el universo y de la sacralidad de toda la vida. ¿Cómo cuidarla y no luchar por ella? |