| 2003: esperanza y ansiedad Todo balance es una lectura de ciego que capta únicamente las relevancias. Ya lo que sea relevante o no depende de cada uno. Por eso todo balance es irremediablemente subjetivo. Desde mi óptica ¿qué ha sido relevante en el mundo y en Brasil? En el mundo, lo relevante ha sido el establecimiento de una nueva forma de guerra mundial: la guerra contra el terror. En ella vale todo. No se respeta ningún derecho humano ni acuerdos internacionales. Fundamentalmente es una guerra preventiva e inmoral. Con armas sofisticadísimas se planea y se ejecuta la destrucción de qualquier presunto nicho terrorista en qualquier parte del mundo y el asesinato de líderes. Para eso se reconfiguró el Pentágono, provisto de tropas de élite para actuar rápidamente a nivel mundo, infiltrándose en países considerados hostiles y liquidando objetivos fijados, independiente de las funciones del ejército estadounidense. Es la estrategia de Donald Rumsfeld cuya mente sobresale en perversidad. Con esto retrocedemos al Estado leviatán de Hobbes y renunciamos a los principios que un día nos sacaron de la barbarie. A partir de ahora, viveremos bajo el terror: del Estado barbarizado y de los terroristas. En cuanto a Brasil, el sueño acariciado por generaciones de romper con el Brasil de quinientos años e inaugurar un Brasil diferente parecía encontrar en el PT y en el liderazgo carismático de Lula el conducto para hacerlo viable. Al principio era urgente salvar el Titanic que naufragaba. Se consiguió. Pero el entusiasmo del éxito hizo olvidar la transición y se pensó: vamos a blindar más el Titanic con los mismos instrumentos, especialmente a través del superávit primario del 4,25%, depredador de las políticas sociales (12.000 millones de reales de intereses mensuales pagados a la deuda pública), si es posible, por más de diez años. ¿El instrumento que nos llevó al desastre podrá traernos la salvación? Esta es la pregunta que no quiere callar, origen de la crisis interna del PT y de las expulsiones realizadas. El PT nos convenció de que el capitalismo es bueno sólo para los capitalistas, pero no para las mayorías que viven del trabajo. Es iluso pensar que optando por el capitalismo neoliberal y sus instituciones se va a construir un Brasil diferente. Pero siendo el carisma una fuerza de creación de lo nuevo, todavía esperamos que Lula rompa con el otro Brasil e inaugure el comienzo del nuevo. Sin eso, la falta de osadía y el exceso de prudencia habrán vencido la esperanza y el sueño. Un balance de las esperanzas para el 2004. En cuanto al mundo, nuestra esperanza es que George W. Bush sea derrotado por el buen sentido de los electores estadounidenses, exorcizando así el demonio de la prepotencia y de la guerra que se ha posesionado de él. Que crezca la conciencia de los pueblos de que sólo tenemos una única Casa Común, la Tierra, y que hay que cuidarla. Que se forme progresivamente la sociedad planetaria, una y diversa, en la cual finalmente triunfe la economia política de lo suficiente y lo decente para todos con la socialización de tierra para morar y trabajar, de comida , salud, educación, comunión y libertad. En cuanto a Brasil: que se den señales inequívocas que apunten a la centralidad de lo social y que se tomen decisiones y se hagan negociaciones con los organismos mundiales para anclar la esperanza de que otro Brasil es posible y viable. En caso contrario, habremos desperdiciado una oportunidad histórica única. Ahora la esperanza se llama osadía. Si el riesgo es grande, mayor será la realización. |