¿Todavía hay esperanza?

Norberto Bobbio, aunque melancólico por temperamento, creía en las virtualidades de dos grandes revoluciones de Occidente: la de los derechos humanos y la de la democracia. Ambas servían de base a su propuesta de un pacifismo jurídico y político, capaz de equilibrar el problema de la violencia como lógica del antagonismo entre los estados. Pero las acciones de terrorismo globalizado destruyeron las convicciones del maestro. En una de sus últimas entrevistas declaró:"no sabría decir cómo será el Tercer Milenio. Mis certezas desaparecen y solamente un enorme punto de interrogación agita mi cabeza: ¿será el milenio de la guerra de exterminio o el de la concordia entre los seres humanos? No me es posible resolver este interrogante".

Al final de su vida, el gran historiador Arnold Toynbee (+1975), después de haber escrito doce tomos sobre las grandes civilizaciones históricas, dejó consignada en su ensayo autobiográfico “Experiencias” (1969) esta opinión sombría : "Viví para ver que el fin de la historia humana se convierte en una posibilidad intrahistórica, capaz de traducirse en hecho no por un acto de Dios sino del hombre”.

Y para agravar mi inquietud, cito al totalmente fuera de sospecha Samuel P. Huntington, antiguo asesor del Pentágono y analista perspicaz del proceso de globalización. Al final de su “Choque de civilizaciones” dice: "la ley y el orden son el requisito previo inicial de la civilización; en gran parte del mundo parecen estar evaporándose. A escala mundial, la civilización parece, en muchos aspectos, estar cediendo ante la barbarie, generando la imagen de un fenómeno sin precedentes, una Edad de las Tinieblas mundial, que se abate sobre la Humanidad". Y podríamos citar más nombres.

Estas visiones de severo realismo se agravan con el terrorismo generalizado, el de los terroristas de al-Qaida, el de Sharon en Israel y el de Bush en Estados Unidos, que nos hacen temer escenarios dramáticos en un futuro próximo.Tal vez no hayamos presenciado aún lo peor que puede pasarnos. Esta situación suscita una pregunta filosófica: ¿podemos tener todavía esperanza en el ser humano? ¿Puede mejorar desde el punto de vista de relaciones sociales, de moralidad y de humanidad o estamos condenados a vivir nuestra tragedia histórica hasta el fin, hasta nuestra autodestrucción?

Seguramente no hay respuesta cabal a interrogaciones de esta radicalidad. Sin embargo, veo dos puntos que dejan el camino abierto: siempre es posible mejorar, pero la humanidad sólo mejorará si mejora de hecho gran parte de sus miembros. De no ser así, estaremos perdidos. Aumentaremos nuestra capacidad destructiva hasta que la tragedia sea inevitable. Para que esto no pase, hay que asumir decididamente un segundo punto: una filosofía de la esperanza. Esta filosofía tiene una base objetiva: el carácter virtual de la realidad. El dato objetivo no es todo lo real. También pertenece a lo real, lo potencial, lo utópico, lo que aún no es y puede ser. El dato actual nos dice que somos lobos unos con otros; pero este dato no lo es todo, ni estamos condenados a perpetuarlo. Dentro de nosotros está también lo potencial, el ser hermanos y hermanas. Esto también pertenece a nuestra realidad. Y si está potencialmente en ella, puede ser activado, puede ser hecho proyecto personal y político y puede inspirar prácticas que darán un mejor sentido a la historia. La esperanza nos salva de la desesperación. Siempre vale la pena esperar. . Y entonces Dios y nostros podremos mirar hacia atrás y proclamar: “todo era bueno”.