| La mística de Bush Las motivaciones que han causado la guerra contra Irak son muchas: la económica (petróleo), la política (hegemonía planetaria), la ideológica (plasmar la globalización en los moldes estadounidenses) y otras. Hay una que me parece que funciona como el hilo de un collar que sostiene todas las demás: la visión mística del presidente Bush y de sus más inmediatos colaboradores. Mística que reposa sobre dos datos de la tradición cultural estadounidense: el destino manifiesto y la religión civil. El destino manifiesto (Manifest Destiny) fue acuñado en 1845 por el periodista John O'Sullivan para justificar la anexión de México y el imperialismo de Estados Unidos. Todavía en 1900 el senador por Indiana Albert Beveridge explicaba: "Dios designó al pueblo estadounidense como la nación elegida para comenzar la regeneración del mundo”. Esta ideología se ha mantenido siempre viva en la derecha de ese país y a ella han aludido muchas veces George Bush padre e hijo. Hace continua refererencia a “nuestra superioridad moral” para justificar las intervenciones político-militares por todo el mundo. La religión civil trata de dar un aura cristiana al destino manifiesto en forma de integrismo y fundamentalismo religioso. Los fundamentalistas toman la Biblia al pie de la letra y hacen de ella una guía para entender la historia. Así millones de personas, sea que vivan en la periferia, sea que trabajen como profesionales, y hasta en centros de alta tecnología, creen que estamos en los últimos días de la historia, marcados por el enfrentamiento entre el bien y el mal, por guerras devastadoras y por la actuación del anticristo. Próximamente se dará la segunda venida de Cristo que instaurará la era perfecta, para preparar su venida definitiva cuando los fieles serán arrebatados al cielo y recibirán un cuerpo glorioso. Emergerá, entonces, un nuevo cielo y una nueva Tierra. Curiosamente el fundamentalismo judío estadounidense ve la instauración del estado de Israel como parte del proceso de redención del mundo. Reconstruido el templo vendría el Mesías, trayendo la redención para todos. Margot Patterson en el conocido semanario católico National Catholic Reporter (11/10/02) mostró la colaboración existente entre estos dos fundamentalismos, cada cual con sus objetivos, pero unidos en la creencia del fin de la historia (Will Fundamentalist Christians and Jews ignite Apocalypse?). Es conocida la religiosidad fundamentalista de Bush y de sus colaboradores, tal como lo reveló la revista Newsweek en primera página. Tienen la profunda convicción de que Dios ha escogido a Estados Unidos para salvar al mundo. Todos los días Bush se levanta más temprano para leer la Biblia y hacer sus oraciones. Y antes de tomar decisiones el grupo reza para que Dios les haga cumplir esta misión con determinación. Ahora podemos enhebrar el collar: Bush se mueve por misión. No necesita del aval del Consejo de Seguridad. Tiene el de Dios. Es imperativo derrocar a Saddam Hussein, pues es una de las expresiones del anticristo. Se apropia del petróleo de Irak porque proporciona la base material para cumplir su misión. La globalización debe ser moldeada por los valores estadounidenses, que son los únicos queridos por Dios. Los otros no construyen el nuevo mundo. Lo trágico es que Bush está lleno de buena voluntad sin ninguna autocrítica. Por eso su buena voluntad no es buena. Sólo produce guerra, “choque y pavor” y muerte de inocentes.
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