| Santos farisaicos Hace algunos dias cayó en mis manos una foto de la agencia Reuters que mostraba a George Bush, Collin Powell y Donald Rumsfeld (el verdadero eje del mal, para algunos) con ojos cerrados y manos entrelazadas en señal de profunda oración. Estaba tomada antes de una reunión de gabinete en la que se adoptarían decisiones importantes en relación a la guerra contra el terrorismo y a Irak. El editorial de Le Monde del 30 de marzo último (Dios y América) nos reveló que George W. Bush es un "born again christian", un renacido a la fe, después de una juventud de alcohólico y llena de desvaríos. Convertido, se aproximó a la extrema derecha evangélica, especialmente a los predicadores mediáticos ultraconservadores como Pat Robertson y Jerry Farwell, haciendo de esta derecha uno de los núcleos inspiradores de su administración. Sus discursos están llenos de referencias bíblicas. Instauró la práctica de iniciar las reuniones de gabinete con una oración preparada por un ministro, que se va rotando. Es una siniestra "comunidad de base", con propósitos belicosos. Esta piedad proporcionó a Bush no sólo el lenguaje con el que caracteriza su guerra preventiva contra todo aquel que amenace a Estados Unidos, le suministró también la mística para conducir una verdadera cruzada (palabra que usó una vez) contra el derrotado Saddam Hussein y el terrorismo mundial. Él y su círculo más íntimo creen que no está lejana la "batalla del gran día", cuando, según el Apocalipsis (16,16), los enemigos de Cristo serán exterminados en el lugar llamado Armagedón. Entonces comenzará un reino de paz. Se sienten instrumentos de esta estrategia. De ahí el sentido de misión de su política externa. Cabe aquí preguntar: ¿de qué Dios estamos hablando? ¿Del Dios-Padre y Madre de la experiencia de Jesús, de la ternura con los humildes y protector de los pobres? Este es un Dios vivo y jamás ordenaría quitar la vida a los otros. ¿No estaría Bush manipulando el nombre de Dios (y pecando persistentemente contra el segundo mandamiento, el de "no usar el santo nombre de Dios en vano") para conferir sello de legitimidad a una guerra exterminadora de inocentes y de instituciones civiles? Es importante reconocer, sin embargo, que las religiones en general y el cristianismo, en particular, históricamente se dejaron manipular en función de intereses de los poderosos, totalmente ajenos a los intereses de Dios y del pueblo. Específicamente los hijos Abrahán, judíos, cristianos y musulmanes, usaron con frecuencia la creencia de ser “pueblos elegidos” (mito tribal) para someter a los demás por la violencia suave del proceso civilizatorio o por la violencia dura de las guerras y del sometimiento. Pero cuando dejamos a Dios ser Dios, a la religión ser religión y damos centralidad al cristianismo originario (las iglesias son traducciones culturales posteriores), entonces queda claro que la guerra y la discriminación son contrarias a la naturaleza de estas instancias. Ellas tienen todo que ver con la búsqueda de la justicia que crea la paz, con el servicio humilde a los desheredados y con la compasión de los caídos en los caminos. El Dios al que Bush reza es un ídolo. Él y sus auxiliares directos, imbuidos de fundamentalismo religioso, son santos faisaicos. Tanto los ídolos como este tipo de santos son insensibles y necesitan la sangre de los otros para sentirse vivos. Por eso son un peligro, pues creen píamente en sus propias fabulaciones religiosas y políticas. |