Y la liberación continúa

No son pocos los que preguntan: ¿y cómo va la teología de la liberación?

No obstante el persistente control por parte de las autoridades doctrinarias del Vaticano, sigue viva en las Iglesias que tomaron en serio la opción por los pobres, contra la pobreza y en favor de la vida y de la liberación.

Marx no fue ni es padre ni padrino de ese tipo de teología. Ella nació como respuesta al grito de los oprimidos y de los estertores de la Tierra. Al agravarse la injusticia social y ecológica, ese grito se transformó en clamor.

Por eso la permanente actualidad de la teología de la liberación en los sitios donde los cristianos rechazan aceptar esa anti-realidad y encuentran en su fe poderosos motivos para luchar contra ella, hombro a hombro con otros.

En el ámbito de las Iglesias lanzó raíces en las 100.000 comunidades de base, en los millares y millares de círculos bíblicos y en las diferentes pastorales sociales. En ese espacio los cristianos aprenden a confrontar página de la Biblia con página de la realidad y derivar compromisos transformadores. En el ámbito de la sociedad, la teología de la liberación adquirió cuerpo en los innumerables movimientos sociales, como el de los Sin Tierra, en algunos movimientos de negros, de indígenas, de mujeres marginadas y otros. La llamada Iglesia de la Liberación se presenta hoy como una de las fuerzas que ayudaron a formar el Partido de los Trabajadores y todavía hoy le dan sustancia ética y espiritual y le garantizan carácter popular.

Fenómeno relevante es constatar que penetró en el campo específicamente político y ha contribuido a la elaboración de una nueva ética pública. Y por si fuera poco ha hecho suscitar una mística de transformación y de cuidado para con las cosas del pueblo, sin la cual las políticas sociales corren el riego de atollarse en el pantano y desembocar en medidas pobres para los pobres.

Pude constatar tal hecho a principios de mayo cuando fui a dar conferencias y charlas a invitación de grupos de la Iglesia de la Liberación y del gobierno petista de Jorge Viana en Acre.

Había estado muchas veces en el Estado de Acre en los años 70 y 80 pues allí se instauraba uno de los más consistentes ensayos de la iglesia liberadora, animado por la excepcional figura del obispo Dom Moacyr Grecchi, y continuado hoy por el Padre Luiz Ceppi, articulador inteligente entre fe, política y liberación. Esa Iglesia no sólo organizó una vasta red de comunidades de base sino que formó cuadros comprometidos con la realidad de la selva. Cuadros que hoy han alcanzado la escena política, como el gobernador Jorge Viana, su hermano, el senador Tião Viana, la seringueira* y senadora Marina Silva, el diputado federal y teólogo laico Nilson Murão, entre tantos otros de gran valor ético y político. Ellos implementan una política democrática y popular, realmente inspirada en los ideales de la liberación.

No hay espacio para detallar los contenidos del proyecto político en curso en Acre. Pero cabe destacar dos características relevantes. La primera, la creación de una metáfora fuerte que define la acción política: “gobierno de la floresta” y “florestanía”. No se hace desarrollo destruyendo la floresta, sino preservándola, extrayendo de ella su inconmensurable riqueza e integrando a quienes la habitan.

La segunda fue haber creado una verdadera mística de reinvención del Estado de Acre, que se ha apoderado de las mentes y de los corazones de sus operadores. Irradia un aura bienhechora que impregna a todos, con un ejemplar desprendimiento de los símbolos de poder en función de los ideales de cuidado con el bien común y de aproximación a la realidad cruda del pueblo.

Más importante que la teología de la liberación es la liberación concreta de los oprimidos. Tal evento es parte de la política de Dios en el mundo llamada, no Iglesia, sino Reino de Dios.

*Seringueira - recolectora de la seringa del árbol del caucho.