| Tres escenarios del drama ecológico actual La humanidad está en una encrucijada: debe decidir si quiere continuar viviendo en este planeta o si acepta caminar al encuentro de lo peor. Se parece a un avión en una pista de despegue. Hay un momento crítico de no retorno, donde el piloto ya no puede frenar. O levanta vuelo o sigue corriendo y revienta al final de la pista. Hay analistas que dicen: hemos pasado el punto crítico, no levantamos vuelo y vamos al encuentro de una catástrofe. O abrimos espacio a un nuevo paradigma civilizatorio, que podrá salvarnos, o enfrentaremos la oscuridad, como nos advierte el reciente libro El futuro de la vida, del gran biólogo de la biodiversidad Edward Wilson. Ante tan dramática situación, se presentan hoy tres panoramas, cada uno con previsiones propias y diferentes. El primero –conservador– es dominante. Procura mundializar el modelo actual consumista y predador. Tal es el caso del neoliberalismo mundializado que siempre ha mostrado parca sensibilidad ecológica y social, tolerando el agravamiento de las contradicciones internas. Frente a los fantasmas surgidos después del 11 de septiembre triste, los ricos y poderosos tienden a levantar un muro de control y de restricciones en sus fronteras. Buscan ampliar las tecnologías más avanzadas para garantizar para sí las mejores condiciones de vida posible. Además de haber sido históricamente etnocida, el sistema hegemónico puede revelarse ahora ecocida y biocida. Pero esta elección sería suicida, pues va contra el sentido del proceso evolutivo que siempre buscó religaciones y cadenas de cooperación para garantizar la mayor subsistencia posible. El segundo –reformador– tiene conciencia del déficit de la Tierra, pero todavía confía en su capacidad de regeneración. Por eso se mantiene dentro del paradigma vigente, consumista y predador. No ofrece una alternativa, sólo minimiza los efectos no deseados. Inventó el desarrollo lineal sostenible, falacia del sistema del capital, para incorporar el discurso ecológico dentro de un tipo de desarrollo lineal, predador y creador de desigualdades. Contradice y anula el sentido originario de la sostenibilidad que busca siempre el equilibrio de todos los factores, pero por lo menos introduce técnicas que polucionan menos, evita la excesiva quimicalización de los alimentos y se preocupa no sólo de la ecología ambiental sino también de la ecología social, buscando disminuir la pobreza, aunque con políticas pobres para los pobres. Esta solución es apenas un paliativo, no una alternativa a la situación actual. El tercero –liberador– presenta una alternativa salvadora real. Parte del carácter global de la crisis. El nivel de interdependencia es tal que o nos salvamos todos o pereceremos todos. Los distintos documentos de la ONU sobre la cuestión revelan esta nueva conciencia: “hay solamente una Tierra”, “la preservación de un pequeño planeta” (Estocolmo, 1972), “nuestro futuro común” (Comisión Brundland, 1987), y por fin la declaración de Río de Janeiro: “Entendemos que la salvación del planeta y de sus pueblos, de hoy y de mañana, requiere la elaboración de un nuevo proyecto civilizatorio”(1992). Ese proyecto debe ser construido sinérgicamente por todos. De aquí la urgencia de crear organismos globales que respondan por los intereses globales. Importa diseñar un nuevo pacto social mundial, en el que los sujetos de derechos no sean sólo los humanos sino todos los seres de la naturaleza. Esta es la base para una democracia ecológico-social-planetaria. En este tipo de democracia tan ciudadanos son los humanos como los demás representantes de la naturaleza en permanente interdependencia con los humanos. La democracia se abre así hacia una biocracia y una cosmocracia. El día en que prevalezca esa democracia ecológico-social-planetaria se habrán creado las condiciones para una alianza de fraternidad con la naturaleza. El ser humano se sentirá parte y parcela de un todo y su guardián responsable. No necesitará nunca más agredir a los otros y a la naturaleza por miedo y como autodefensa. A pesar de las contradicciones de la condition humaine, siempre sabia y demente, podrá vivir sinceramente feliz en comunión con todos los seres, como hermanos y hermanas, en casa. Sólo entonces comenzará el ansiado nuevo milenio, con otro tipo de historia, de paz perenne con la Madre Tierra.
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