Tierra, cuerpo de Dios

En el día internacional del medio ambiente, sólo en un rincón del jardín desde donde puedo ver todo sin que nadie me vea, me sentí conmovido por la majestad de las montañas que guardan, cual guardianes, mi casa y por el profundo azul del cielo matinal. Y celebré como en otros tiempos. El horizonte era el altar, el pan sagrado, toda la Tierra, y el cáliz, el espacio formado por dos montañas que se abren en forma de V. Leí textos sagrados. Medité salmos de alabanza por la grandiosidad de la creación. Sobre la patena del horizonte ofrecí todo el universo con sus galaxias, miríadas de estrellas e incontables planetas. Y llegó el momento mágico e místico de la consagración. Entonces, con las manos trémulas por las energías cósmicas que entrañan la realidad, y con los labios incandescentes por el fuego de las palabras sagradas, dije con reverencia:

''Tierra mía querida, Gran Madre y Casa Común, finalmente llegó tu hora de unirte a la Fuente de todo ser y de toda vida. Has venido naciendo para esto, lentamente, hace millones y millones de años, grávida de energías creadoras.

Tu cuerpo, hecho de polvo cósmico, era una semilla en el vientre de las grandes estrellas rojas, que después explotaron lanzándote por el espacio ilimitado. Viniste a anidar, como embrión, en el seno de una estrella ancestral, en el interior de la Vía Láctea, transformada después en Supernova. Ella también sucumbió de tanto esplendor. Y entones fuiste a parar al seno acogedor de una Nebulosa que, ya niña crecida, recorrías en busca de un hogar. Y la Nebulosa se densificó y se volvió un Sol espléndido de luz y de calor. Él se enamoró de ti, te atrajo y te quiso en su casa, junto con Marte, Mercurio, Venus y otros planetas. Y celebró sus esponsales contigo. De tu matrimonio con el Sol nacieron hijos e hijas, frutos de tu ilimitada fecundidad, desde los más pequeñinos, bacterias, virus y hongos, hasta los seres vivos más grandes y complejos. Y como noble expresión de la historia de la vida nos generaste a nosotros, hombres y mujeres.

A través de nosotros, tú, Tierra querida, sientes, piensas, amas, hablas y veneras. Y sigues creciendo, aunque adulta, hacia dentro del universo rumbo al Seno de Dios-Padre-y-Madre de infinita ternura. De Él venimos y hacia Él vamos con una implenitud que sólo Él puede colmar. Queremos, oh Dios, sumergirnos en Ti y ser junto con la Tierra uno contigo para siempre.

Y ahora, Tierra querida, realizo el gesto de Jesús por la fuerza de su Espíritu. Como él, lleno de unción, te tomo en mis manos impuras para pronunciar sobre ti la Palabra sagrada que el universo escondía y tú ansiabas oír:

'Hoc est corpus meum: esto es mi cuerpo. Esto es mi sangre.' Y entonces sentí que lo que era Tierra se transformó en Paraíso y lo que era vida humana se transfiguró en vida divina. Lo que era pan se hizo cuerpo de Dios y lo que era vino se hizo sangre sagrada.

Finalmente, Tierra, con tus hijos e hijas llegaste a Dios. Te hiciste Dios por participación. Por fin en casa.

'Haced esto en mi memoria'. Por eso, de vez en cuando cumplo el mandato del Señor. Pronuncio la palabra esencial sobre ti, Tierra querida, y sobre todo el universo. Y con él y contigo nos sentimos el Cuerpo de Dios, en pleno esplendor de su gloria.''