| Rehacer el pacto social Es importante captar la revolución que la victoria de Lula significa para la sociedad brasilera. Él se propone, conscientemente, refundar Brasil. Y conviene que lo haga porque el Brasil del viejo pacto social sólo funciona para un país reducido, de unos 70 millones de brasileros. Para ellos el país es apacible. Para los restantes 100 millones es una tragedia social, dada la humillación del hambre, la opresión de la injusticia social y la negación de la esperanza. Sólo alguien oriundo de ese otro Brasil, que sintió en su cuerpo la pasión dolorosa del pueblo brasilero, pasión que cuenta con más estaciones que la del Hijo de Dios, que es consciente de que escapó, por designio de la Providencia, de morir siendo niño, puede legítimamente proponerse refundar, con otros, un Brasil para todos. Éste es el sentido profundo del anunciado nuevo pacto social. Sin rehacer ese pacto, Lula será un presidente como los demás, algo más a la izquierda y con un acento más social. Y nada más. Pero Lula sabe que si no hace la revolución político-social de la que carecemos, hará imposible el salto de cualidad rumbo a un país autónomo, moderno, abierto a la fase planetaria de la humanidad, y habrá defraudado a las grandes mayorías en nombre de las cuales fue elegido. Continuaremos siendo una provincia marginal del gran imperio, hoy hegemonizado por la potencia belicista de los EU. Aquí se impone una ruptura instauradora y una nueva reconstrucción de las fuerzas sociales de Brasil. Ese es el sentido del pacto social. En momentos de reinvención, urge rescatar los principios que realmente fundan las sociedades civilizadas y que normalmente subyacen olvidados en las bases del viejo pacto que construyó el Brasil injusto que heredamos. Los enumeraremos solamente porque no hay espacio para profundizarlos. Son una condición previa y cuatro principios fundadores. Condición previa: la buena voluntad. Para Kant la buena voluntad es el único valor sin limitaciones y la condición para cualquier proyecto ético y político. Si no tengo buena voluntad y sospecho de todo, no hay como construir ninguna convergencia, ningún valor colectivo ni ningún pacto social que englobe a todos. Primer principio: el bien común. La sociedad surge porque las personas humanas descubren una voluntad general y un bien que es común y se disponen a construirlo. A él se subordinan los bienes particulares. Es el reino de los fines, de Kant. Segundo principio: la participación. El bien común resulta de la búsqueda común del bien común. Todos deben dar su aporte partiendo de lo que son y de lo que tienen. El juego de la participación transforma al individuo en ciudadano. Tercer principio: solidaridad. Nace al percibir que todos vivimos unos por los otros, con los otros y para los otros. Solamente reforzando esa dinámica que, por lo demás, es la de todo universo, la sociedad es inclusiva. Cuarto principio: la intersubjetividad. El ser humano es el único ser que habla, crea significados, proyecta utopías y desarrolla espiritualidad por la cual capta el misterio del universo, valores sin los cuales la sociedad no es humana. Una capa de ceniza encubre estos principios en la sociedad brasilera actual. Por eso deben volver a ser pactados para que puedan ser efectivamente de todos. Las grandes mayorías quieren este pacto creador. Las clases dominantes deben dar señales de grandeza y colaborar para gestar otro Brasil y encontrar en él su lugar adecuado.
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