| PT e Iglesia de la Liberación En la construcción del PT, partido que se presenta portador del sueño de que otro Brasil es posible, participaron cuatro grandes fuerzas. La primera está representada por el nuevo sindicalismo brasilero, de donde procede Lula y sus compañeros. Confirió al partido el sentido de clase, en oposición el sistema del capital, hoy globalizado, siempre en lucha con el trabajo. La segunda fuerza esta constituida por la izquierda libertaria que estaba en los respectivos partidos, en las universidades o que regresaba del exilio. Ella dio al PT el sentido universal de una democracia a ser siempre construida. La tercera fuerza es el movimiento social popular. Engloba a centenas de organizaciones como el MST (Movimiento de los Sin Tierra). Se construye como fuerza social partiendo de una nueva conciencia, de organización y de un proyecto de Brasil diferente. Ella ayudó a fundar el PT como fuerza político-partidista para viabilizar una alternativa capaz de ocupar el poder central. Considera al partido como un instrumento para realizar un estado verdaderamente democrático, con políticas sociales justas, en el cual puedan caber todos, cosa que la política tradicional de las minorías inviabilizó siempre. Esta fuerza hizo al PT popular y le otorgó las características de resistencia y de liberación. La cuarta fuerza es la Iglesia de la Liberación. Por Iglesia de la Liberación se entiende una parte de las Iglesias (católica y de otras Iglesias evangélicas) que comprendió la íntima asociación entre evangelio y justicia social y que, en razón de esto, hizo una clara opción por los pobres, contra la pobreza y a favor de su liberación. Esta porción significativa, aunque no mayoritaria, dio lugar a millares de comunidades eclesiales de base, a centenas de millares de círculos bíblicos, a centenas de centros de defensa de los derechos humanos y organizó la llamada pastoral social (pastoral de la tierra, de los indios, de los negros, de la salud, etc.). Los integrantes de esta nueva manera-de-ser-Iglesia se entienden como parte del movimiento social con el cual están siempre articulados. Por eso asumieron el proyecto del movimiento social evitando así la pretensión de tener un movimiento propio. Lógicamente el proyecto de fe incluye más que un nuevo Brasil, quiere una nueva humanidad e incluso la resurrección de la carne, cosa que ninguna política puede dar. Pero la utopía de la fe muestra profunda connaturalidad con el proyecto del movimiento social y con el proyecto del PT. En otras palabras, el evangelio no sólo es bueno para prometernos la vida eterna, también es bueno para ayudarnos a construir una vida terrena más justa y espiritual. Estos cristianos nuevos no entraron el PT. Ayudaron a fundarlo porque vieron en él un instrumento, no el único, para realizar el proyecto popular de acercarse más al sueño cristiano. En razón de eso se creó, en 1989 en Río, el Movimiento Fe y Política con las afiliaciones de políticos y cristianos como Benedita da Silva, Chico Alencar y muchos más. Estos cristianos y políticos entienden la política como un instrumento para realizar los bienes del Reino, que son la justicia, la fraternidad y la paz, y consideran el Reino como el horizonte utópico de la política, en la medida en que la política supone una utopía social. Esta fuerza dio al PT una mística de lucha y le transfirió el caudal de generosidad propio de los discípulos de Jesús. La fuerza del PT consiste en mantener organicidad con esas fuerzas que lo generaron. Ellas le dan singularidad y vitalidad, elevando la cultura política de Brasil. Este partido merece llegar al poder y darle un sentido verdaderamente social y libertario.
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