Política como seducción

La elección de Lula propicia reflexiones sobre las distintas maneras de hacer política. Hacer política es ejercer concretamente el poder. Veo cuatro formas de ejercicio de poder.

En primer lugar, la política del puño cerrado. Se trata del poder ejercido de arriba abajo y de forma autoritaria. Hay un solo proyecto político, el de quien detenta el poder, que puede ser un dictador o una clase dominante. Impone simplemente su proyecto y aplasta los proyectos alternativos. Ha sido la predominante en la historia brasilera.

En segundo lugar, la política de la palmadita en la espalda. Es una forma disfrazada de poder autoritario. Se diferencia de la anterior por abrirse a los que están fuera del poder, pero sólo para unirlos al proyecto dominante. Reciben algunos beneficios siempre y cuando no constituyan otro proyecto alternativo. Es la conocida política paternalista, que desfibró la resistencia de la clase obrera y corrompió a tantos intelectuales y artistas. Entre nosotros funcionó especialmente a partir de Vargas.

Tercero, la política de manos extendidas. El poder está distribuido entre varios portadores que hacen alianzas entre sí bajo la hegemonía del más fuerte. Hay alianzas entre los que están en el poder y los que están en la oposición. De esa forma se crea estabilidad política y se garantiza la gobernabilidad. Esta forma ha presidido la nueva democracia brasilera.

Cuarto, la política de manos entrelazadas. Parte del hecho básico de que el poder está difuso en los movimientos e instituciones de la sociedad civil y no únicamente en la sociedad política, en los partidos y en el Estado. Tal poder social y político puede convergir en algo beneficioso para todos.

La política de manos entrelazadas se da cuando el Jefe de Estado se propone un amplio diálogo con todos, a fin de rehacer el pacto entre los actores sociales en torno a un proyecto común mínimo. El presupuesto es que por encima de las diferencias y de los intereses en conflicto existe en la sociedad una solidaridad mínima, una búsqueda del bien común, una observación de las reglas aceptadas, y un respeto a valores de sociabilidad sin los cuales nos volveríamos una manada de lobos. Las manos extendidas pueden entrelazarse colectivamente. Para eso es necesario la seducción.

Hacer política como seducción es el propósito del presidente Lula. Intenta seducir a todos para las visiones y los valores que están escondidos dentro de cada uno, como un mínimo amor al pueblo brasilero, la realización de un proyecto Brasil que beneficie a todos, cuidar de los más frágiles, crear desarrollo sostenido ecológica y socialmente que genere empleos, mejores salarios, redistribución de la renta y potencie el horizonte de esperanza. Hay que ser enemigo de uno mismo para estar contra tales propósitos. El arte de Lula es reencantar la política de las cosas y seducir a las personas para ese sueño feliz. Cada persona, cada sector y cada clase social tiene algo que aportar. Él es la persona que reúne carisma, habilidad y experiencia para que todos se dispongan efectivamente a dar su contribución singular.

Razón tienen las comunidades eclesiales de base cuando cantan: “Sueño que se sueña solo es pura ilusión. Sueño que se sueña juntos es señal de solución. Entonces, soñemos juntos, soñemos en mutirão* ”.

Ahora convocados por el presidente Lula.