Política-chimpancé

La revolución brasilera que necesitamos no sólo quiere ligar la vena abierta por donde se escapa la sangre de 50 millones de brasileros. Quiere representar un factor de humanización más alto. En una palabra: postulamos la revolución porque queremos dar un paso más profundo hacia dentro del reino de lo específicamente humano. ¿En que consiste ese humano?

Consiste en el hecho singular de comparecer como seres de socialidad, de cooperación y de convivialidad. Tal singularidad aparece mejor cuando nos comparamos con los simios más próximos, como los chimpancés. En términos genéticos nos diferenciamos de ellos apenas en un 1,6%. Ellos también poseen vida societaria. Pero se orientan por la lógica de la dominación, de la jerarquización y de la sujeción del otro. Por eso sus relaciones se presentan poco cooperativas y de dominación.

Al surgir el ser humano se rompe esa lógica. No sabemos exactamente la fecha, pero seguramente fue hace unos 3 millones de años. En vez de competitividad y de subyugar al otro, entra a funcionar la cooperación. Concretamente, nuestros antepasados humanoides salían a cazar, volvían con alimentos y los repartían socialmente entre ellos. No hacían como los otros primates superiores que comen cada uno lo suyo. Ese 1,6% de ácidos nucleicos y de bases fosfatadas propias fundan lo humano en cuanto humano, como ser de cooperación. Esos lazos de solidaridad hicieron surgir también enternecimiento y relaciones de cuidado de unos con otros. Fue esta relación la que sirvió de ambiente para la aparición del lenguaje, en el que reside la esencia humana.

Esta interpretación de la antropogénesis es recurrente en grandes nombres de las ciencias de la vida, como los conocidos científicos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela o como Fritjof Capra, Christian de Duve y otros. Humberto Maturana resume diciendo: ''Lo que nos hace seres humanos es nuestra manera particular de vivir juntos como seres sociales de lenguaje''.

La cooperación impide por un lado la acumulación excesiva y, por el otro, el empobrecimiento. Sucede que en la actualidad está vigente un sistema social que se organiza no por intercambio cooperativo sino por intercambio competitivo, donde sólo gana el más fuerte, el capitalismo, como modo de producción y como cultura. Representa la supervivencia de la política del chimpancé entre nosotros, en el decir de Humberto Maturana, o sea, de aquella carga genética que tenemos en común con los chimpancés, parte que todavía no inauguró el reino de lo humano con su fuerza socializadora y cooperativa. Por eso este sistema es individualista y excluyente. Reafirma y magnifica el individuo y el yo a costa del nosotros. Es la lógica que permite la perversidad de 50 millones de hambrientos y excluidos en nuestro país, al lado de 400 mil familias muy ricas.

Es una buena razón para querer la revolución, para superar esa barbarie, para poder ser más humanos, más seres de lenguaje comunicativo, de relación y de solidaridad irrestricta.

En este sentido, estamos todavía en la antesala de nuestra verdadera humanidad. Dos tercios de los humanos viven bajo niveles de crueldad despiadados, víctimas de la voracidad acumuladora de la lógica del chimpancé. La revolución necesaria será por razones éticas y de compasión con nuestros co-iguales. Con ellos queremos repartir el pan, ser compañeros (cum panis) y compañeras en la aventura planetaria.