| ¿Podemos detener el Titanic en ruta de colisión? Estamos en el ojo de una crisis de civilización sin precedentes en la historia. Todas la grandes crisis civilizacionales hasta ahora conocidas eran regionales. En la secuencia de la crisis surgía un nuevo sujeto histórico (“los bárbaros”) con vitalidad y proyecto alternativo que permitían a la historia continuar con nueva esperanza. Esta vez es diferente. La crisis parece ser global, estructural y terminal. Global, porque envuelve a todo el globo, no conserva ninguna reserva “bárbara” capaz de una alternativa global. Estructural, porque no se trata de una crisis de coyuntura que, superada, permite que la estructura, la civilización occidental hoy mundializada, continúe funcionando. Ahora el corazón ha sido alcanzado. Por eso es terminal. Con ella termina, no el mundo, sino un tipo de mundo social montado en los últimos siglos. Para resolver los problemas internos y los heredados necesitaría negarse a sí mismo. Y aquí está el problema. Por eso tiene sentido la severa advertencia de Eric Hobsbawm al concluir la Era de los Extremos: “El mundo corre el riesgo de explotar hacia dentro y hacia fuera. Tiene que cambiar; la alternativa es la oscuridad.” Está fatalmente en ruta de colisión con un iceberg que él mismo creó. ¿Cuál es ese iceberg? El consumismo y la depredación de la naturaleza. Ambos pertenecen a la lógica del sistema histórico-social, por esencia consumista y depredador Es consumista: la máquina ha sido proyectada para consumir bienes y servicios de forma lineal, creciente e ilimitada. Y deben ser consumidos. Si no hay consumo el negocio cierra o va a la quiebra. Los seres humanos son inducidos a consumir más y más y a universalizar el consumo lo más posible. El consumo no es solidario, es individualista. Por eso produce desigualdades e injusticias clamorosas, verdadero pecado que atenta contra Dios y el sentido de la creación, orientada más por la cooperación que por la competición, hoy hegemónica. Es depredador: el consumismo lleva a la depredación de los recursos limitados de la naturaleza. En el proceso natural de la evolución desaparecen normalmente 300 especies de seres vivos por año. Actualmente debido a la voracidad consumista desaparecen más de 3.000 especies. Esto equivale a una verdadera devastación ecológica. Casi todos los recursos no renovables se están volviendo cada vez más escasos. Algunos representan límites insuperables que pueden echar a perder el sistema, como la escasez de agua potable. Solamente el 3% de todo el agua es potable, y de ella sólo el 0,7% es accesible al ser humano. En los varios foros internacionales organizados por la ONU se ha llamado la atención sobre el hecho de que en los próximos años habrá guerras devastadoras entre regiones para garantizar el acceso al agua potable sin la cual la vida es imposible. Añádase a esto el agotamiento en los próximos años de la energía fósil (petróleo), sangre de la máquina industrial mundial. Dependemos de fuentes energéticas renovables alternativas que se sitúan en los países tropicales, todos sometidos a los intereses del agonizante sistema mundial. ¿Hay posibilidades de superar una crisis de tanta magnitud? Sí, a condición de inaugurar con la máxima urgencia un nuevo patrón civilizatorio de consumo responsable y solidario, y de relación cooperativa y respetuosa con la naturaleza. El vicio subyacente a nuestra civilización es haberse construido sobre la parafernalia de los medios técnicos para producir poder y riqueza, y no sobre los fines que dan sentido a nuestra aventura planetaria. Ella exasperó a la razón instrumental analítica, base del colonialismo, del imperialismo y de la dominación sistemática de la naturaleza. Subestimó la inteligencia cordial, base de la ética y de la espiritualidad que plantean la cuestión de los valores y de los fines últimos de los seres humanos. La primera representa la modernidad científico-técnica, triunfante. La segunda, la modernidad ético-espiritual, en un puesto secundario. La salvación residiría en rescatar lo que dejamos atrás y refundar una civilización que confiera centralidad a la vida en toda su espléndida diversidad, y en razón de ella reinvente la economía, el poder y la política de las cosas. ¿Lo quieren los señores del poder y de los negocios? En verdad ellos, gayamente, continúan consumiendo hasta hartarse, depredando el patrimonio natural común, más preocupados en hacer pingües negocios que en garantizar condiciones para que el planeta siga siendo habitable para la especie humana. ¿Podremos detener el Titanic en ruta de colisión? Sí y no. Sí, si introducimos los cambios necesarios. No, si persistimos en el camino actual que nos lleva al destino de los dinosaurios. Pero existen las fuerzas directivas del universo, y la creatividad humana. Volveremos sobre esto.
|