Lula: la revolución de lo obvio

Lula, compañero, amigo, hermano y presidente. El día de tu y de nuestra victoria, un ángel bueno me susurró que debía escribirte esta carta. Y lo hago unido a la emoción que brota del corazón de millones de brasileros.

Tú eres el único de los presidentes que tiene cara de pueblo brasilero. Tú vienes de la gran tribulación. En tu cuerpo llevas toda la tragedia y también toda la esperanza de nuestro pueblo. Esa esperanza siempre ha sido derrotada históricamente, pero nunca vencida. Ahora, por ti y contigo, triunfa, ojalá definitivamente.

Llegas con un fardo pesado: ser la encarnación de otro Brasil posible, en el que todos puedan caber. Los que el mercado considera sobrantes y ceros económicos ocupan ahora el centro de tu gobierno. Tú los has convencido de su fuerza histórica. No más hacer para los empobrecidos. Ha llegado la hora de hacer desde ellos y con ellos. Ésta es la novedad que tu traes siguiendo la huella de Paulo Freire y de la Iglesia de la Liberación.

Tú, Lula, te has propuesto realizar la revolución de lo obvio: tratar con respeto a cada ciudadano, devolverle su derecho a tener esperanza, hacer que todos puedan comer por lo menos tres veces al día, crear condiciones de trabajo y de crecimiento del país, base para que se pueda tener renta, escuela, salud, vivienda, seguridad y tiempo libre, y, por fin, reforzar el trabajo articulado con el capital productivo para derrotar al capital especulativo, ruina de la economía real.

Pero tu significado no se restringe a Brasil. Alcanza al mundo entero, especialmente a los millones de personas que sueñan con otro tipo de globalización, solidaria y respetuosa de la naturaleza. Tú te has transformado en un símbolo anticipador de esa posibilidad urgente y tan ansiada.

Finalmente, Lula, tú vas a mostrar otra forma de hacer política y de ejercer la Presidencia: en palacio para organizar, pero principalmente en las plazas para realizar con la población. Entonces podrás mostrarnos lo que siempre has dicho, que querías hacer política con el corazón. Eso es ejercer la política como ética, como cuidado para con el bienestar del pueblo, cuyas carencias conoces por tu propia historia, pues has llorado de hambre y, aún peor, por no poder llevar a casa comida para tus hermanos. Tú vas a demostrar en la política lo que es verdad en la física cuántica: por causa de la sinergia de todos con todos, dos más dos no son cuatro, son cinco. Aquí estará el secreto de tu éxito social.

El poder es la mayor tentación para el ser humano, porque nos da el sentimiento de la omnipotencia divina. Es vigor puro. Y por ser sólo vigor es destructivo. Sólo la ternura limita el poder haciendo que sea benéfico. Ternura y vigor son las dos dimensiones básicas que construyen al ser humano bien realizado. EL equilibrio entre ternura y vigor consiguió que los grandes fueran grandes, como Gandhi, Chico Mendes, Betinho, Francisco de Asís y, no menos importante, el hombre de Nazaret. Tú, Lula, por obra y gracia del Misterio, eres una potencia de ternura canalizada en un torrente vivo de vigor. De ahí nace y se alimenta tu carisma, que habla a lo profundo de las personas, allí donde viven arquetipos ancestrales.

Por último, Lula, te hablo como hombre de fe. En decisiones difíciles no dejes de recurrir a la fuente secreta de inspiración y de luz: el Espíritu Creador. Con tu política vas a realizar todo lo necesario, con tu carisma vas a hacer lo posible, pero con la luz del Espíritu vas a realizar hasta un poco de lo imposible. Con la inmensa fraternura de tantos años.