Lula en la escena mundial

El presidente Lula inicia sus viajes internacionales. Lleva en su equipaje el sueño y la esperanza que lo eligieron. ¿Cuál es el significado de esta irrupción en el sistema mundial? Nuestro más agudo analista político, Emir Sader, ve en ella el comienzo del postneoliberalismo, ya que el proyecto neoliberal, según John Williamson, el formulador del Consenso de Washington, ha entrado en crisis en todo el mundo. ¿Cómo funciona el sistema mundial y cuál es la singularidad de Lula en él? La prioridad de las políticas mundiales está en la rentabilidad financiera a corto plazo, en la eficacia productiva, en la estabilidad de los mercados y en el combate implacable al terrorismo. La palabra de orden de la cultura que de ahí se deriva es la maximización de la felicidad individual, sacando el máximo provecho de los bienes y comodidades que la tecnociencia nos ofrece.

La solidaridad mundial para erradicar la pobreza, incluir a todos en el planeta y superar los conflictos regionales no ocupa un puesto central. No hay país poderoso, mucho menos los EU, que piense en el interés general a largo plazo de la comunidad humana planetaria. No hemos alcanzado el estado de conciencia global que debería acompañar normalmente el proceso acelerado de globalización. ¿Por qué hemos llegado a este tipo de alienación y de deshumanidad?

La raíz de este drama reside en la excesiva confianza en los valores del capitalismo puro y duro causada por la victoria sobre el socialismo real del este europeo. Reagan y Thatcher aprovecharon la euforia fácil para imponer mundialmente los ideales capitalistas sin la contaminación socialista representada por la legislación laborista, por el nivel de salarios, por la previsión social, y por una preocupación generalizada con todo lo social. Ahora predomina el itinerario individual, la liberalización, la desregulación y la privatización. Para beneficiar el capital se procura relativizar la nación, desinventar el Estado y desacreditar a la clase política que piensa en un proyecto nacional. Impera el proyecto mundo, regido por los intereses de los más fuertes.

Lo bueno, útil y necesario no se define a partir de la ciudadanía sino de los criterios y valores propios de la economía capitalista de mercado. Cuando predominan dichos valores mercantiles, la democracia está amenazada. La democracia vive de la participación (ciudadanía), del bien común y de la solidaridad. Ahora en lugar del ciudadano entra el consumidor; en lugar del bien común, el bien particular; en lugar de la solidaridad, el individualismo. Resultado: vuelve la pobreza y la exclusión a nivel mundial.

El gobierno de Lula va en una dirección totalmente diferente. Aquí reside el aporte que podrá ofrecer para un nuevo acuerdo de las políticas mundiales. Distinguimos tres puntos que caracterizan la política al estilo Lula. Primero, hacer política con el corazón, es decir, en los palacios entre papeles, y en las plazas entre la gente sintiendo en la piel sus carencias, cuidando sus heridas, y suscitando esperanza. Sin compasión no se combate el hambre. Segundo, suscitar en todos la buena voluntad, base para rehacer cualquier pacto. La política como seducción debe desentrañar esa buena voluntad en los actores sociales. Tercero, dar prioridad a lo social y poner lo económico a su servicio, sometidos ambos a una visión ética del mundo.

Y podremos hacer aquí un ensayo no sólo de otro Brasil, sino también de otro mundo. A tanto llega nuestra utopía.