La pregunta central del siglo XXI

La pregunta de vida o muerte que va a atormentarnos durante el siglo XXI será seguramente ésta: ¿qué tipo de sociedad urge inventar en la cual podamos caber todos, incluida la naturaleza? Para una respuesta sostenible necesitamos de la sinergia de todos los saberes y sistemas.

El modelo no puede ser la sociedad vigente, estructurada por el capitalismo de mercado. Por ser extremamente competitiva y no cooperativa, más excluye que incluye. Lo confirma el informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 1999. La diferencia entre los 5% más ricos de la población mundial y los 5% más pobres era en 1960 de 1 a 30; en 1990 de 1 a 60, y en 1995 de 1 a 74. El conocido biólogo de la biodiversidad E. Wilson comenta: ''Para que con la tecnología existente el resto del mundo alcanzase el nivel de consumo de los Estados Unidos serían necesarios cuatro planetas iguales a la Tierra'' (El Futuro de la Vida, Barcelona, 2002). Pero debemos incorporar de ella las muchas conquistas que ha conseguido.

Para una alternativa viable los economistas del sistema no son consejeros fiables. Ellos trabajan con números que ocultan las contradicciones. Para ellos, la economía real, la de mercado, medida por el PIB y por el consumo per capita, produce riqueza que aumenta día a día. Y, como hemos visto antes, profundiza la desigualdad. Para la otra economía, la de la naturaleza, medida por el Índice del Planeta Vivo y por el estado general de la biosfera, la riqueza está disminuyendo día a día. El Fondo Mundial para la Naturaleza calculó que entre 1970 y 1994 la economía natural cayó en un 30%. A partir de 1990 la tasa de caída era de un 3% al año. Y este nivel persiste o empeora. Tales datos, que para la economía de mercado son llamados ''externalidades'', tienen pesadas consecuencias: podrán amenazar la biosfera e inviabilizar el futuro de la humanidad y con él la economía de los economistas.

A pesar de eso, la colaboración mayor para la humanidad no viene de la economía de mercado, sino de la economía de la naturaleza. Hay cálculos macroeconómicos que han calculado el valor de los servicios prestados a la humanidad por el conjunto de los ecosistemas. En 1977 un grupo de ecologistas y de economistas sensibles a estas cuestiones estimó en 33 billones de dólares/año el valor de la contribución de la naturaleza. Esto representa casi el doble del producto mundial bruto, que fue del orden de 18 billones de dólares. En otras palabras: si la humanidad quisiese sustituir los servicios de la naturaleza por recursos artificiales, necesitaría aumentar el PIB mundial en por lo menos 33 billones de dólares, sin decir que tal sustitución sería prácticamente imposible.

La respuesta a la pregunta inicial sólo podrá venir de un nuevo paradigma de sociedad mundial, de una nueva óptica de las cosas que de origen a una nueva ética (vale el juego de palabras). Sobre esto volveremos próximamente. Mientras este proceso, que ya está en curso, no triunfe necesitamos cobrar del sistema imperante todo lo que él nos pueda dar. Y tiene mucho que dar, aunque dé muy poco, como se vio en la Conferencia de la ONU de Monterrey. Para ayudar a los pobres, que son mayoría, el gobierno norteamericano destina apenas el 0,01% de su PIB, mientras los europeos, más ''generosos'', no llegan al 1%, excepto Dinamarca con un 1,06%.

La preocupación salvacionista está en gran parte a cargo de grupos privados, las grandes agencias de protección de la naturaleza. Se estima que existen actualmente más de 30.000 ONGs con compromisos humanitarios y ecológicos. Pero esta responsabilidad debería ser de todos, de la humanidad y de los Estados. Por ejemplo, para implementar una política de conservación global bastarían 30.000 millones de dólares/año. Eso representaría sólo una milésima del PIB mundial. Un científico, Daniel H. Janzen, sugirió introducir un impuesto de un centavo por cada taza de café, que sería suficiente para financiar la conservación y administración de las reservas naturales existentes.

Terminemos con las palabras de optimismo de E. Wilson: ''Una civilización capaz de intuir la existencia de Dios y de iniciar la colonización del espacio seguramente encontrará un medio de salvar la integridad de este planeta y las magníficas formas de vida que abriga'' (obra citada, página 208). ¡Que suceda!