La edad ecozoica de la mundialización

La expresión ecozoico fue creada por dos americanos, el cosmólogo Brian Swimme, y el antropólogo cultural, Thomas Berry. Es la era que siguió al cenozoico, hace 65 millones de años, después de la catástrofe que acabó con los dinosaurios, cuando los mamíferos se desarrollaron como nunca antes. Nosotros venimos de ellos.

La edad ecozoica representa la culminación de la edad de la mundialización humana. La característica básica reside en el nuevo acuerdo de respeto y mutua colaboración entre la Tierra y la Humanidad. Es la edad de la ecología integral, por eso el nombre de ecozoica. Somos cada vez más conscientes del hecho de ser un momento de un proceso de millones y millones de años. Ahora nos encontramos en una trama de relaciones vitales de las cuales somos co-responsables. Después de intervenir tanto en los ritmos de la naturaleza sin cuidar las consecuencias perjudiciales, nos damos cuenta que ahora la revolución consiste en preservar lo más posible el legado de la naturaleza y usarlo con responsabilidad.

Está naciendo una nueva benevolencia con la Tierra. Ella es como una nave espacial con recursos abundantes, pero limitados. Solamente siendo solidarios entre todos podemos hacer que esos recursos sean suficientes para toda la comunidad de vida. O cuidamos unos de los otros y juntos cuidamos de la Tierra o la nave espacial caerá, y desapareceremos.

De esta óptica surge una nueva ética. Por todas partes nacen grupos que se orientan por un nuevo patrón de comportamiento. Es lo que Pierre Teilhard de Chardin llamaba noosfera. Aquella esfera donde las mentes y los corazones (sentido griego de noos) entrarían en sintonía fina, caracterizada por la mutualidad entre todos, por la amorización y por la espiritualización de las intencionalidades colectivas. Éstas se coordinarían para garantizar la paz, la integridad de la creación y el sustrato material suficiente para todos. Libres y desahogados, podremos entonces vivir nuestra dimensión específica de con-vivir humanamente, de conjugar trabajo con poesía, eficiencia con gratuidad, de poder jugar y alabar como hermanos y hermanos, en casa.

Esta conciencia de mutua pertenencia viene reforzada poderosamente por la visión que nos posibilitaron los astronautas. Sigmund Jähn al regresar a la Tierra expresó así la modificación de su conciencia: “Han sido superadas las fronteras políticas, y también las fronteras de las naciones. Somos un sólo pueblo y cada uno es responsable por el mantenimiento del frágil equilibrio de la Tierra. Somos sus guardianes y debemos cuidar de nuestro futuro común”.

Esta percepción de la Tierra, vista desde afuera, da origen a una nueva sacralidad. Tal vez el sentido secreto de los viajes al espacio exterior tengan ese significado profundo. Desde la Luna no hay distinción entre Tierra y Humanidad. Ambas forman una única entidad. La Humanidad no sólo está sobre la Tierra, es la propia Tierra que se conmueve, se vuelve hacia sí misma, ama, cuida y venera.

Transformar esta conciencia en un estado permanente, sin que necesitemos pensarlo, es vivir ya dentro de la era ecozoica. La Carta de la Tierra, pensada para tener el mismo valor que la Carta de los Derechos Humanos, está impregnada de esta visión ecozoica. En su introducción dice: “La Humanidad es parte de un vasto universo en evolución. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad de vida única. El espíritu de solidaridad humana y de parentesco con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia el misterio de la existencia, con agradecimiento por el regalo de la vida, y con humildad considerando el lugar que el ser humano ocupa dentro de la naturaleza. La elección es nuestra: o formamos una alianza global para cuidar de la Tierra y los unos de los otros, o corremos el riesgo de destruirnos y de destruir la diversidad de la vida.”

La realización de la mundialización humana y ecozoica será el fin del exilio. Todas las tribus de la Tierra, a partir de ahora, se encontrarán en la gran aldea común, en la casa comunitaria, en el seno de la grande y generosa Madre Tierra. Por fin.