| Florestanía* Ciudadanía se deriva de ciudad y florestanía, de floresta o selva. Palabra nueva e inteligente, creada por el gobierno petista de Acre, que representa un nuevo concepto de desarrollo y de ciudadanía en el contexto de la Selva Amazónica. La ciudadanía de los pueblos de la selva se implementa mediante inversiones del Estado en términos de educación, salud, tiempo libre y formas de producción extractivista respetando la floresta. Floresta y ser humano viven un pacto socioecológico donde la floresta pasa a ser un nuevo ciudadano, respetado en su integridad, estabilidad y extraordinaria belleza. Ambos se benefician, pues se abandona la lógica utilitarista de la explotación y se asume la lógica de la mutualidad, que implica respeto mutuo y sinergia. Esta voluntad política abre espacio para un enriquecimiento posible del concepto partiendo de la más avanzada reflexión ecológica. Se trata de la florestanía no sólo como ciudadanía en la floresta sino como ciudadanía de la floresta. Se impone ampliar la personalidad jurídica de la floresta a los ecosistemas y de la Tierra como Gaia. Bien ha dicho el pensador Michel Serres: ''La Declaración de los Derechos del Hombre tuvo el mérito de decir 'todos los hombres tienen derechos' y el defecto de pensar 'sólo en los hombres'. ''Los indígenas, los esclavos y las mujeres han tenido que luchar para ser incluidos en ''todos los hombres''. Y hoy esa lucha incluye a las selvas y a otros seres de la naturaleza, también sujetos de derechos y por eso nuevos miembros de la sociedad ampliada. Después de haber creado la amenaza de destrucción de la Tierra-Gaia, no podemos excluirla del nuevo pacto social, como lo hicieron Hobbes, Rousseau y Kant. Ellos daban por descontado el futuro de la Tierra. Hoy ya no es más así. Devastada Gaia, no hay más base para ningún tipo de ciudadanía. Si queremos sobrevivir juntos, la democracia tiene que ser también biocracia y cosmocracia. El fundamento teórico para esta ampliación de la ciudadanía nos ha sido proporcionado por las ciencias de la Tierra. Ellas nos aseguran que el universo no resulta de la suma de todos los seres existentes y posibles, como si estuviesen yuxtapuestos unos a otros. Todos se encuentran interretroconectados. El universo es el conjunto articulado de las conexiones de todo con todo en todos los puntos y momentos. Todos los seres son no sólo portadores de masa y de energía sino también de información intercambiada, retrabajada y almacenada de una manera singular y propia a cada ser. Partiendo de esto, científicos eminentes admiten que el universo y cada ser son portadores de conciencia y poseen subjetividad. La diferencia entre la subjetividad humana y la del universo o la de las selvas no es de principio sino de grado. En nosotros en un grado altamente complejo y por eso autoconsciente; en el universo y en la selva Amazónica en otro, menos complejo pero igualmente con grado propio de conciencia y de subjetividad. Si la florestanía fuese asumida en un sentido amplio como el que postulamos aquí, como ciudadanía en la floresta y de la floresta, asistiremos a algo inédito en el mundo. En la región de mayor biodiversidad del planeta, la Selva Amazónica, se inaugurará un nuevo ensayo civilizatorio, referencia posible para todas las otras selvas tropicales de la Tierra, asumidas como ciudadanos. Gracias a políticos imbuidos de la nueva utopía, que además de administrar el bien público cuidan del pueblo y de la vida en su espléndida diversidad. * Para permitir la formación en español
de la nueva palabra, florestanía, |