Contradicción insostenible

El “desarrollo sostenible”, fórmula mágica con la cual el sistema mundial de convivencia y de producción pretende resolver los problemas que él mismo ha creado, es, por más oficial que sea, una contradicción, un equívoco y una ilusión.

Es una contradicción, pues los dos términos se repelen mutuamente. La categoría “desarrollo” proviene del área de la economía dominante, que obedece a la lógica férrea de la maximización de los beneficios con minimización de los costos y del tiempo empleado. En función de tal propósito se agilizan todas las fuerzas productivas para extraer de la Tierra literalmente todo lo que es consumible. La Tierra está siendo torturada por la tecnociencia y sometida a un asalto sistemático de sus riquezas en el suelo, en el subsuelo, en los aires y en los mares. El resultado es una fantástica producción de bienes materiales y de servicios, pero distribuidos sin un justo equilibrio. Esta falta de equilibrio está destruyendo la paz entre los pueblos y amenazando la biosfera, sometida a un estrés casi insoportable.

La categoría “sostenibilidad” proviene del ámbito de la biología y de la ecología, cuya lógica es contraria a la de este tipo de “desarrollo”. Indica la tendencia de los ecosistemas al equilibrio dinámico y enfatiza las interdependencias de todos, garantizando la inclusión de cada ser, hasta de los más débiles. Como se deduce, unir este concepto de sostenibilidad al de desarrollo configura una contradicción en sus mismos términos.

Decíamos además que el “desarrollo sostenible” es un equívoco. Lo es, pues alega como causa lo que es efecto. Se dice que la pobreza es la causa de la degradación ecológica. Por lo tanto, a menos pobreza y más desarrollo, menor degradación. Sin embargo, analizando las causas reales de la pobreza y de la degradación se ve que ambas resultan exactamente del tipo de desarrollo practicado, que explota a las personas, empobreciéndolas, y dilapida los recursos de la naturaleza, degradándola. Por eso, la utilización política de la expresión “desarrollo sostenible” representa una trampa del sistema: asume los términos de la ecología (sostenibilidad) para vaciarlos enmascarando así la verdadera causa del problema social y ecológico (tipo de desarrollo) que en sí mismo es.

Finalmente, la fórmula “desarrollo sostenible” significa una ilusión. Postula un desarrollo que se mueve entre dos infinitos: el infinito de los recursos de la Tierra y el infinito del futuro. Los recursos de la Tierra serían inagotables y el futuro hacia delante, ilimitado. Estos dos infinitos son ilusorios: los recursos son finitos y el futuro es limitado, por no ser universalizable. Si la India quisiese ser como Inglaterra, necesitaría explotar dos Tierras, como ya decía irónicamente Gandhi en los años 50.

El “desarrollo sostenible” no es una panacea, sino un placebo. Persistir en aplicarlo es engañar al paciente, tal vez matarlo. Y lo mismo tememos con la biosfera. Entender este error es entender el por qué del impasse de la Cúpula de la Tierra, en Río-92 y ahora en Johannesburgo-2002. La categoría clave es sostenibilidad y no desarrollo. Necesitamos una Tierra, una sociedad y una vida humana sostenibles. Esto es lo que los señores del “desarrollo (in)sostenible” no entienden. El Titanic hace agua por todas partes. No hay tiempo que perder. Hay que despertar o puede ser demasiado tarde. Y esto no es ser apocalíptico, sino sencillamente realista.