Ciudadanía en la floresta

En la Amazonia así se pensaba y se hacía: tumbar selva es desarrollar. Con esta lógica se ha desmatado a razón de 15 hectáreas por minuto. Este floresticidio está siendo frenado por la florestanía*, política propuesta por el gobierno de Acre bajo los cuidados del joven gobernador Jorge Viana (PT). Su lema: “Gobierno de la floresta”. Meta: “florestanía”, ciudadanía en la floresta. ¿Qué significan estos conceptos?

El punto de partida es el siguiente: para realidades nuevas, palabras nuevas, de acuerdo a la sabiduría de Jesús: “para vino nuevo, odres nuevos”. ¿Cuál es la novedad? Entender la selva amazónica como base para un nuevo proyecto socioeconómico fundado en el extractivismo sin depredar la selva. Tal propuesta rasga un camino nuevo, dando viabilidad a lo que algunos teóricos llaman “modo de producción amazónico”. El gobierno de Jorge Viana supo captar la singularidad de la selva y decidió aprovechar las ventajas comparativas de Acre. De esta manera su proyecto de desarrollo socio-ecológico da cuerpo a los sueños de Chico Mendes. Si tiene éxito, y todo indica que así será, dará a su gobierno un perfil singular y se convertirá en el paradigma referencial para toda la región amazónica.

Vale observar que el estado de Acre heredó una situación privilegiada: apenas el 10% de su territorio ha sido desmatado, y el 30% de él conforma áreas de conservación. El desafío reside en la articulación correcta entre selva, desarrollo y ciudadanía. El eje articulador es la selva, su gran capital natural y también cultural, pues no es posible entender la selva sin la cultura de los pueblos que la habitan.

En un texto programático “el desarrollo que queremos”, el Gobierno de la Floresta establece las metas a ser implementadas: creación de florestas públicas estatales de producción, valorización de la actividad extractivista, con establecimiento de fábricas de tratamiento de la castaña de Brasil, producción de goma, construcción de centenares casas-de-harina de yuca, manejo sostenible de la madera de ley, como el mogno y de otras especies todavía nunca utilizadas en la confección de muebles, aprovechamiento del cuero vegetal, extracción de aceites y colorantes vegetales, de sustancias alcaloides para farmacología y de sustancias aromáticas, y de otras con propiedades herbicidas y fungicidas, entre tantos otros proyectos.

Tan importante como el plano ecológico-económico es el plano político-social, que aparece bajo el nombre de Florestanía. Se trata de una palabra que combina “floresta” con “ciudadanía”. Significa realizar “la ciudadanía en la floresta” a través de una nueva conciencia de que las poblaciones rurales, ribereñas, indígenas y extractivistas sólo tienen ventajas si permanecen en la selva. Allí dentro de su medio ecológico serán asistidas con salud, educación, formación profesional y recreación. A esto se ordenan los Centros de Florestanía, las Escuelas de Florestanía y los Programas de Educación Indígena y de Política de Etnodesarrollo siempre en asociación con las comunidades y el gobierno.

Tales proyectos no son pensados y ejecutados desde oficinas refrigeradas sino mediante una política de piel a piel, conociendo las entrañas del pueblo, mirando profundamente sus ojos, enfrentado largas caminatas “a pie”, a caballo, en motor o en avioneta para encontrar a las personas allí donde viven y sueñan. Es toda una política, en el sentido de Gandhi, como gesto amoroso para con el pueblo. En Acre.

* En este artículo se usan floresta y selva como sinónimos,
para permitir la formación de florestanía.