Paz como equilibrio del movimiento

¿Cómo definir la paz? Desde la antigüedad encontramos muchas definiciones. Todas poseen sus buenas razones y también sus límites. Privilegiamos una, por ser extremamente sugestiva: la paz es el equilibrio del movimiento.

La felicidad de esta definición reside en el hecho de ajustarse a la lógica del universo y de todos los procesos biológicos. Todo en el universo es movimiento, nada es estático y hecho de una sola vez.

Venimos de una primera gran inestabilidad y de un caos inconmensurable. Explotó todo y comenzó un movimiento que aún no ha terminado. Y al expandirse el universo fue poniendo orden en el caos. Por eso el movimiento de expansión es creativo y generativo y el orden surge mediante el juego de relaciones que todas las cosas mantienen entre sí. Esta afirmación constituye la tesis básica de toda la cosmología contemporánea, de la física cuántica y de la biología genética y molecular.

En razón de la panrelacionalidad de todo con todo, el universo no debe ser entendido como el conjunto de todos los seres existentes y por existir, sino como el juego total, articulado y dinámico de todas las relaciones que sostienen los seres y los mantienen unidos e interdependientes entre sí.

La vida, las sociedades humanas y las biografías de las personas se caracterizan por el movimiento. La vida nació del movimiento de la materia que se auto-organiza. La materia nunca es “material”, es un juego altamente interactivo de energías y dinamismos que hacen surgir los más diferentes seres. No sin razón afirman algunos biólogos que cuando la materia alcanza determinado nivel de auto-organización en cualquier parte del universo, emerge la vida como imperativo cósmico, fruto del movimiento de relaciones que atraviesa todo el cosmos.

Las cosas se mantienen en movimiento, por eso evolucionan, todavía no han acabado de nacer. Están en proceso de génesis: cosmogénesis, biogénesis, antropogénesis y cristogénesis.

El ser humano pasa por sucesivos procesos de transformación mediante los cuales construye su identidad y plasma su destino.

Pero el caos jamás habría llegado a cosmos y el desorden primordial jamás se habría transformado en orden abierto si no hubiese equilibrio. Es tan importante como el movimiento. El movimiento desordenado es destructivo y productor de entropía. Movimiento con equilibrio produce sintropía y hace surgir el universo como cosmos, es decir, como armonía, orden y belleza.

¿Qué significa equilibrio? Equilibrio es la justa medida entre el más y el menos. Es lo óptimo relativo. El movimiento posee equilibrio y expresa así la situación de paz si se realiza dentro de la justa medida, no siendo excesivo ni deficiente. Pero conviene saber qué es la justa medida.

La justa medida consiste en la capacidad de usar potencialidades naturales, sociales y personales de tal forma que puedan durar lo más posible y puedan reproducirse sin pérdida. Esto sólo es posible cuando se establece moderación y equilibrio entre el más y el menos. La justa medida presupone realismo, aceptación humilde de los límites y aprovechamiento inteligente de las posibilidades. Este es el equilibrio que garantiza la sostenibilidad de todos los fenómenos y procesos a la Tierra, a las sociedades y a la vida de las personas.

El universo surgió mediante un equilibrio extremamente sutil. Tras la gran explosión original, si la fuerza de expansión hubiese sido demasiado débil el universo se habría colapsado sobre sí mismo. Si hubiese sido demasiado fuerte, la materia cósmica no habría conseguido densificarse y formar las gigantescas estrellas rojas, posteriormente las galaxias, las estrellas, los sistemas planetarios y los seres particulares. Si no hubiese funcionado ese refinadísimo equilibrio nosotros, humanos, no estaríamos aquí hablando de todo esto.

Hay paz en el universo y las estrellas no caen sobre nuestras cabezas porque hay equilibrio en el movimiento.

¿Cómo alcanzar esa justa medida y ese equilibrio dinámico? Es una pregunta extremamente compleja. La propia naturaleza del equilibrio exige un arte combinatoria de muchos factores y de muchas dimensiones, buscando la justa medida entre todas ellas. Pretender derivar el equilibrio de una única instancia es situarse en una posición sin equilibrio. Por eso no basta la razón crítica, no es suficiente la razón simbólica, presente en la religión y en la espiritualidad, ni la razón emocional, subyacente al mundo de los valores y de los significados, ni el recurso de la tradición, del buen sentido y de la sabiduría de los pueblos.

Todas estas instancias son importantes, pero ninguna de ellas suficiente por sí sola para garantizar el equilibrio. Éste exige una articulación de todas las dimensiones y de todas las fuerzas. En una palabra, el equilibrio evoca la sabiduría que es, exactamente, el saber que tiene sabor, el saber justo sobre cada cosa y situación, la actitud que se mantiene equidistante de la carencia y de la abundancia, del más y del menos.

Partiendo de estas ideas podemos apreciar la excelencia de la comprensión de la paz como equilibrio en el movimiento. Si hubiese solamente movimiento sin equilibrio, movimiento lineal o desordenado, en todas las direcciones, imperaría el caos y habríamos perdido la paz. Si hubiese apenas equilibrio sin movimiento, sin apertura a nuevas relaciones, reinaría el estancamiento y nada evolucionaría. Sería la paz de los túmulos. El mantenimiento sabio de estos dos polos hace emerger la paz dinámica, hecha y siempre por hacer, abierta a nuevas incorporaciones y a síntesis creativas.

Las sociedades actuales, consideradas bajo esta óptica de la paz como equilibrio en el movimiento, son profundamente destructoras de las condiciones de paz. Vivimos dilacerados por radicalismos, unilateralismos, fundamentalismos y polarizaciones insensatas en casi todos los campos. La competencia en la economía y en el mercado, hecha principio supremo, impide la cooperación necesaria para que todos los seres puedan vivir y seguir evolucionando. El pensamiento único de la ideología neoliberal, llevado a todos los rincones de la tierra, destruye la diversidad cultural y espiritual de los pueblos. La imposición de una única forma de producción, utilizando un único tipo de técnica y de administración, maximizando los lucros, acortando el tiempo y minimizando las inversiones, devasta los ecosistemas y pone en riesgo el sistema vivo de Gaia. Las relaciones profundamente desiguales entre ricos y pobres, entre Norte y Sur, y entre las religiones que se consideran portadoras de la revelación divina y las otras religiones de la humanidad refuerza la arrogancia y aumenta los conflictos religiosos. Todos estos fenómenos son manifestaciones de la destrucción del equilibrio del movimiento, y por eso mismo, de la paz tan ansiada por todos. Solamente fundando una nueva alianza entre todos y con la naturaleza, inspirada en la paz-equilibrio-en–el-movimiento como método y como meta, conseguiremos sociedades sin barbarie, donde la vida pueda florecer y los seres humanos puedan vivir cuidando unos de otros, con justicia y, en fin, en paz perenne, secularmente ansiada.