| J o r n a l d o B r a s i l El Nóbel de Leonardo Boff Cecilia Costa - ¿Se le aceleró el corazón cuando supo que le habían dado el Nóbel alternativo? BOFF: Más que honrar a una persona, este premio consagra una causa. Y la causa de mis últimos 20 años ha sido intentar unir el grito de los pobres, de donde nació la Teología de la Liberación, con el grito de la Tierra, de donde nació el discurso teológico. Lo que los une es la opción por los pobres, estar contra la pobreza y a favor de la vida. Entre los pobres está el gran pobre, que es el planeta Tierra, explotado, saqueado por la voracidad del proceso industrial moderno. Todos vivimos bajo un modelo de civilización que explota a las personas, las clases, las naciones y agota los escasos recursos de la Tierra. Necesitamos una ecología de la liberación. Mi libro Ecología, grito de la tierra, grito de los pobres recogió ese reto, al unir ecología, física cuántica, discurso teológico y espiritualidad. - ¿Ese libro, al cual Ud. atribuye el premio, no fue escrito en 1995? BOFF: Fue editado en 1995. Salió prácticamente al mismo tiempo en Alemania, España, Estados Unidos e Italia, y ha hecho buen camino dentro de la discusión ecológica. Hay editoriales extranjeras que publican sistemáticamente mis obras; editan lo que escribo en función del discurso de la Teología de la Liberación, que es hoy una de las tendencias más fuertes del mundo cristiano. Y que nació aquí. - ¿La Teología da Liberación fue la causa de su ruptura con la Iglesia? BOFF: En 1984 tuve el honor de sentarme en la misma silla que Galileo Galilei, en el Santo Oficio de Roma, que hoy se llama Congregación para la Doctrina de la Fe. Y en el edificio del Santo Oficio, a la izquierda de la columnata del Vaticano, estuve en la salita donde interrogaban a las víctimas de la Inquisición después de haber sido torturadas. Pasé ante una reja enorme cubierta de púas de hierro y pregunté a mi inquisidor: ¿aquí es la sala de tortura? me dio un codazo… - ¿Y entonces fue cuando se separó de la Iglesia? BOFF: El interrogatorio fue en 1984; en 1985 vino el castigo, silencio obsequioso, me depusieron de la cátedra, me prohibieron hablar y escribir. Un año después, el Papa, presionado por la Iglesia de Brasil, suspendió el castigo. Entonces pude hablar, pero me siguieron controlando. - ¿Hasta cuando? BOFF: Hasta 1992, durante la ECO. En 1992 me pidieron nuevamente guardar silencio, no viajar, no dar clases… y entonces dije “no”. En la Iglesia tienen que valer los derechos humanos; el teólogo sólo tiene un arma que es su palabra, escrita y hablada. Y como ellos no cedieron, tuve que tomar la decisión de alejarme. Pero seguí siendo teólogo, escribo, imparto seminarios. Ahora mismo acabo de dar un curso de un semestre en la Universidad de Heidelberg. - ¿Entonces hasta 1992, mientras Ud. aceptaba el control, no había roto con la Iglesia? BOFF: Yo no rompí con la comunidad de fe. Rompí como sacerdote. Hasta 1992 fui sacerdote franciscano. A Roma le hubiera gustado que yo me hubiera vuelto director de la Coca-cola en Bangu, pero seguí siendo teólogo. A ellos no les gusta que cuando un teólogo sale siga siendo teólogo. ¿Quién va a querer vivir de la teología? Sólo la Iglesia. Cuando te ponen fuera de la Iglesia, tienes que ser otra cosa. Pero pronto recibí una carta de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, en Julio de 1992, me presenté al concurso y me hice profesor. Seguí haciendo teología, ética, dando cursos en el exterior, escribiendo libros. Ya no soy sacerdote, me autopromoví a laico, pero seguí con la misma función de teólogo que tenía antes. - ¿Es un teólogo que defiende sus ideas? BOFF: Soy teólogo, pero de una forma interdisciplinaria, ecuménica. Quien sólo sepa teología, ni siquiera teología sabe. La teología es un discurso articulador. Hay que discutir con la física cuántica, con la ética, con la mundialización, con los derechos humanos. Dialogar con la contemporaneidad. Eso es lo que da fuerza a mis textos… - Dice en sus libros que la ecología no tiene que ver con el medio ambiente sino con el ambiente entero... BOFF: Trato de trabajar las cuatros ramas principales de la ecología: el medio ambiente, que no lo llamo medio ambiente sino comunidad de vida; la ecología social, discutiendo el tema de la pobreza a nivel mundial que también es un tema de ecología ya que afecta al ser humano que es parte de la naturaleza. La ecología mental, los prejuicios y estructuras mentales que conducen a las guerras, a la violencia, a la discriminación. Y la ecología integral, la Tierra es parte de un todo, que es el cosmos, que es el sistema solar, galáctico. De aquí surge toda una reflexión a partir de la nueva cosmología, que ve el proceso evolutivo como un proceso único y contradictorio, con caos y cosmos, que a medida que se expande se vuelve más complejo, y cuanto más complejo más cargado de conciencia, hasta llegar a la conciencia del ser humano y a la vida como autoorganización de la materia. Nosotros, seres humanos, vivimos porque existe una interrelación de todos con todos, entre todas las energías del Universo. La ecología integral debe incluir la totalidad del ser y no quedarse en una dimensión antropocéntrica o terracéntrica. - El hombre, la Tierra, el cosmos… ¿su concepto de Dios pasa por ahí? BOFF: Eso es, pero creo que la gran novedad que hace mi trabajo consecuente en términos de un nuevo paradigma, de nueva visión de la Tierra, es la visión que los astronautas nos dan de la Tierra. Ellos, cuando ven la Tierra desde afuera, dicen que no hay distinción entre la humanidad y la Tierra, que todo es una misma unidad. El ser humano es la propia Tierra que en un momento de su evolución empezó a sentir, a pensar, a amar. Nosotros somos Tierra, no estamos sobre el planeta Tierra, somos la propia Tierra, que piensa, que ama… Hombre viene de humus, de tierra fértil. No hay que olvidar que Adán viene de adama, y adama significa tierra fértil. Sobre esto hay muchos mitos creados por los indígenas, mitos de creación. Somos hijos de la Tierra y la Tierra se comporta como un superorganismo vivo. El oxígeno de la Tierra se ha mantenido en un 21%, estable durante millones y millones de años. Si aumentase al 22%, un rayo podría quemar todo el oxígeno. Todos los elementos físicos y químicos tienen un calibre ultrasofisticado, un equilibrio propio de los organismos vivos. Todo es vida. Es la teoría de Gaia y yo la incorporo. Primero intento pensar sobre los datos científicos, mediante el pensar filosófico, para permitir el discurso teológico. Y discuto, dentro de un discurso espiritual-cultural, qué cambios deberíamos hacer para salvar este planeta, que podemos destruir de 25 diferentes maneras. La verdad, un avión sobre el Pentágono me parece muy poco. Deberían caer 25 aviones. -¿Veinticinco aviones sobre el Pentágono? BOFF: Es necesario destruir todo el Pentágono. En el Pentágono están todas las estrategias de destrucción de la vida del planeta. ¿Recuerdas a Carl Sagan, que orientó el viaje de los norteamericanos a la Luna? Si quieres tener una gran experiencia espiritual lee su libro Un punto azul pálido. La última foto que hizo un satélite norteamericano antes de dejar el sistema solar –un satélite que circulará alrededor de la galaxia durante miles de millones de años llevando mensajes en un disco de oro, formulas matemáticas, el llanto de un bebé, mil lenguas humanas– fue la de un punto azul pálido sobre un fondo negro… Sagan escribió ese libro y dos años después murió. Es su testamento. Nuestra cultura ha creado el principio de autodestrucción. Con las armas atómicas y biológicas podemos destruir la Tierra de 25 maneras diferentes. Tenemos mucho poder y ninguna sabiduría. Tenemos que desarrollar el principio de co-responsabilidad. En función de esto, participé en la elaboración de la Carta de la Tierra, hecha por la Comisión de la Tierra, un grupo de 23 personas coordinado por Gorbachov y Maurice Strong, que organizó la ECO-92. Nos propusimos describir los derechos de la Tierra. Trabajamos en ella ocho años hasta que el año pasado fue aceptada por la Unesco. El año que viene entrará en la agenda de la ONU. Si fuera aprobada, tendrá el mismo valor que la Carta de los Derechos Humanos. En su nombre será posible detener a los Pinochets ecológicos. Existe la conciencia de que el destino de la Tierra y de la Humanidad están seriamente amenazados. Y esta vez no habrá un arca de Noé que salve a unos y deje morir a otros. O todos nos salvamos o todos moriremos. - ¿Es una carta ambientalista o une también el grito de los pobres con el de la Tierra? BOFF: Luché mucho para que en el documento entrase esa dimensión espiritual, social. Sus grandes capítulos son: 1) respetar y cuidar la comunidad de vida; 2) integridad ecológica de todos los seres, no sólo los humanos; 3) justicia social y económica; 4) democracia, no-violencia y paz. Todo esto como ecología. Me pidieron que escribiese un gran final: que nuestro tiempo sea recordado por el despertar de una nueva reverencia ante la vida, por el firme compromiso de alcanzar la sostenibilidad, por la rápida lucha por la justicia, por la paz y por la celebración alegre de la vida… - Pero estamos viviendo lo contrario, miedo, desesperación y guerra. ¿Mantiene viva la esperanza de que conseguiremos algún día salvar la Tierra? BOFF: Creo que estamos en el corazón de una crisis civilizacional. Nuestra civilización mundializada no tiene más recursos internos para ofrecer un horizonte de esperanza a la Humanidad. Sólo consigue mantenerse mediante el empleo macizo de la violencia física o económica, que acaba con las economías regionales, destruye empresas, crea una acumulación fantástica. Según Noam Chomsky, 230 familias poseen el 80% de la riqueza mundial. Nunca conocimos tanta exclusión como ahora. El desempleo es estructural. - Viviane Forrester dice que terminarán por crear campos de concentración para los desempleados, los marginales… BOFF: Los niveles de pobreza, de conflicto, son insoportables para una mínima conciencia ética. Estamos en el corazón de una crisis. Para mí el atentado en los Estados Unidos tiene un carácter simbólico. Este sistema se sustenta sobre tres pilares fundamentales: el sistema económico, altamente competitivo y nada cooperativo (destruido en las dos torres), defendido por el aparato militar (el Pentágono fue alcanzado), y articulado por la política de la Casa Blanca (sobre la que iba dirigido el avión derribado). Simbólicamente estos tres pilares fueron alcanzados en su significado central. Las imágenes-símbolo del sistema. La humanidad está perpleja porque la lección que la historia nos da, en el fondo, es ésta: por aquí no hay camino. O cambiamos o vamos al encuentro de lo peor. Estamos viviendo una crisis de travesía. Esto no es el fin del mundo, sino el fin de este tipo de mundo.
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