Caos generativo y vida

La biología y la astrofísica son seguramente los campos que más han contribuido a una nueva visión del mundo (cosmología). A ella se llegó por caminos atormentados aunque complementarios.

Los formuladores de la física cuántica, como Niels Bohr (1885-1962) y Werner Heisenberg (1901-1976), en tantos puntos discordantes, convergían en que la física cuántica era buena para explicar fenómenos ligados a las partículas elementales, pero insuficiente para explicar la vida. ''La vida muestra tal diversidad que sobrepasa la capacidad de comprensión del análisis científico'', sentenciaba Bohr en su famosa conferencia de 1932 sobre ''Luz y Vida''. W. Heisenberg, de quien llegué a ser alumno en un seminario para doctorandos en mis tiempos de Munich (1967) refiriéndose a un diálogo con Bohr, concluía diciendo: ''Soñamos con el día en que la biología se funda con la física y la química tan completamente como se fundieron la física y la química en la mecánica cuántica''. (Diálogos sobre la relação entre biología, física y química, de l930-l932).

Ese día llegó con Ilya Prigogine (1917), Premio Nóbel 1977, al aplicar los principios de la física cuántica a los fenómenos alejados del equilibrio. Todo funcionó como se esperaba al mostrar que la vida emerge del caos (Order from chaos), por lo tanto la vida irrumpe de la materia alejada equilibrio. La vida representa auto-organización de la materia (autopoiesis).

Para captar la relevancia de dicha afirmación necesitamos superar la comprensión “materialista” de la materia y rescatar su sentido originario de mater (madre, de donde viene materia) de todas las cosas. La materia es energía densificada, es altamente interactiva, es fuente de espiritualidad como enfatizaba siempre Teilhard de Chardin.

Alcanzado cierto grado de complejidad de la materia, nos dice Christian de Duve (1917), Premio Nóbel de medicina 1974, en su famoso libro Polvo Vital (1995), la vida surge como imperativo cósmico en cualquier parte del universo.

Uniendo esta visión, en la línea de Darwin, con la teoría de la evolución ampliada, se gestó una visión coherente de todo el universo. Ya no hay compartimentos estancos y paralelos, de un lado seres orgánicos y de otros seres inorgánicos. Hay distintos niveles de complejidad y de órdenes dentro de un continuum cósmico de energías en inter-retro-conexión que articulan el orden-desorden-nuevo orden, haciendo surgir, en un determinado momento, la vida en toda su espléndida diversidad. Y dentro de la vida, como expresión de una complejidad todavía mayor, la conciencia refleja de los seres humanos.

Por más diversas que sean las formas de vida, todas provienen de un único ser vivo primordial, surgido hace 3.800 millones de años. Todos los seres vivos, desde los más ancestrales, pasando por el dinosaurio, los colibríes, los caballos y por nosotros, seres humanos, están formados por 20 aminoácidos y cuatro ácidos nucleicos. Este es el alfabeto universal con el cual se escriben todas las palabras vivas: la inconmensurable biodiversidad de la naturaleza.

Como consecuencia de una constatación científica todos somos fundamentalmente hermanos y hermanas, cosa que san Francisco, por el camino de la mística cósmica, ya había intuido hace 700 años.

Si hacemos de este dato objetivo del proceso cosmogénico y biogénico proyecto de la voluntad política colectiva y propósito personal seremos capaces de transformar el mundo: surgirá una nueva democracia sociocósmica, un pacto social que no incluirá solamente a los seres humanos sino a toda la comunidad de vida, finalmente reconciliada consigo misma y con su raíz común: la materia sagrada y misteriosa del universo.