Ecología integral
Finalmente, la cuarta –ecología integral- parte de
una nueva visión de la Tierra, inaugurada por los astronautas
a partir de los años 60, cuando se lanzaron las primeras
naves tripuladas. Ellos vieron la Tierra desde afuera. Desde la
nave espacial o desde la Luna, la Tierra –según el
testimonio de varios de ellos- aparece como un resplandeciente planeta
azul-blanco que cabe en la palma de la mano y puede esconderse detrás
del dedo pulgar. Desde esa perspectiva, Tierra y seres humanos emergen
como una misma entidad. El ser humano es la propia Tierra que siente,
piensa, ama, llora y venera. La Tierra surge como el tercer planeta
de un sol, uno de los 100 mil millones de soles de nuestra galaxia,
que es a su vez una entre 100 mil millones de otras del universo,
universo que posiblemente es uno entre otros paralelos y distintos
al nuestro. Y nosotros, seres humanos, hemos evolucionado hasta
el punto de poder estar aquí para hablar de todo esto, sintiéndonos
ligados y religados a todas estas realidades. Todo caminó
con una precisión capaz de permitir nuestra existencia aquí
y ahora. De no ser así no estaríamos aquí.
Los cosmólogos, gracias a la astrofísica,
la física cuántica, la nueva biología, en una
palabra a las ciencias de la Tierra, nos hacen ver que todo el universo
se encuentra en cosmogénesis. Es decir, está todavía
en génesis, constituyéndose y naciendo, formando un
sistema abierto, capaz siempre de nuevas adquisiciones y expresiones.
Por lo tanto nada está acabado y nadie ha terminado de nacer.
Por eso tenemos que tener paciencia con el proceso global, unos
con otros, y con nosotros mismos, pues nosotros humanos también
estamos en proceso de antropogénesis, de formación
y de nacimiento. En la cosmogénesis y la antropogénesis
sucedieron tres grandes emergencias: (1) la complejidad/diferenciación,(2)
la auto-organización/conciencia, (3) la religación/relación
de todo con todo. A partir de su primer momento, después
del Big-bang, la evolución ha ido creando seres cada vez
más diferentes y complejos (1). Cuanto más complejos
más se auto-organizan, mostrando mayor interioridad y niveles
más altos de conciencia (2) hasta llegar a la conciencia
refleja en el ser humano. El universo, pues, como un todo posee
profundidad espiritual. Para estar en el ser humano, el espíritu
estaba antes en el universo. Ahora emerge en nosotros como conciencia
refleja y amorización. Y cuanto más complejo y consciente,
más se relaciona y se re-liga (3) con todas las cosas, haciendo
que el universo sea realmente uni-verso, una totalidad orgánica,
dinámica, diversa, tensa y armónica, un cosmos y no
un caos.
Las cuatro interacciones existentes, la gravitatoria,
la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil
constituyen los principios rectores del universo, de todos os seres,
también de los seres humanos. La galaxia más distante
se encuentra sometida a la acción de estas cuatro energías
primordiales, lo mismo que la hormiga que camina por mi mesa y las
neuronas del cerebro humano con el que hago estas reflexiones. Todo
se mantiene religado en un equilibrio dinámico, abierto,
pasando por el caos que es siempre generativo, pues propicia un
nuevo equilibrio más alto y complejo, desembocando en un
orden rico en nuevas potencialidades.
Bibliografía mínima
de orientación
- Boff, L., Una cosmovisión ecológica: la narrativa
actual, en Ecología: grito de la Tierra, grito de
los pobres, Trotta, Madrid, 1996.
- Crema, R., Introdução à visão
holística, Cultrix, S.Paulo 1997.
- De Duve, C, Poeira vital. A vida como imperativo cósmico,
Campus, Rio de Janeiro 1997.
- Gadotti, M., Pedagogia da Terra, Editora Fundação
Peirópolis, S.Paulo, 2001.
- Hawking, S., El universo en una cáscara de nuez,
Planeta, Barcelona, 2002.
- Müller, R., O nascimento de uma civilização
global, Aquariana, S.Paulo 1991.
- Zohar, D., La conciencia cuántica, Plaza&Janés,
Barcelona, 1992. |
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